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Queridos amigos y lectores de Formación:

Hoy es el Domingo de Pentecostés. Hoy celebramos en la Iglesia la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los Apóstoles, en el nacimiento de la Santa Iglesia de Dios. En este tercer misterio de gloria del Santo Rosario solemos pedir la virtud de la Caridad y los dones del Espíritu Santo.

Es providencial que coincida esta festividad con el punto del catecismo que nos toca ver en la entrada de hoy: el sacramento de la Confirmación.

La Confirmación es el Sacramento instituido por nuestro Señor para fortalecernos en la fe y demás virtudes que recibimos en el Bautismo. Por este sacramento se nos da el Espíritu Santo, esto es, la abundancia de su gracia y de sus dones.  

La Confirmación nos hace cristianos perfectos y soldados de Jesucristo. 

La materia de la Confirmación es el sagrado Crisma, bendecido por el Obispo el Jueves Santo. El Crisma es una mezcla de aceite de oliva y bálsamo. El aceite significa la suavidad, fuerza y abundancia de la gracia del Espíritu Santo que se infunde en el confirmado. El bálsamo es una sustancia que despide un olor agradable, significando así el buen ejemplo que el soldado de Jesucristo debe dar en todas partes. 

La forma de la Confirmación es: “Yo te signo con la señal de la Cruz, y te confirmo con el Crisma de la salud, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.   

El ministro ordinario de la Confirmación es el Obispo. El simple sacerdote sólo puede confirmar por delegación especial del obispo. 

MODO DE ADMINISTRAR EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN 

El Obispo, extendidas las manos sobre el confirmando, invoca al Espíritu Santo; le unge luego la frente con el sagrado Crisma, en forma de cruz, pronunciando las palabras de la forma; le da con la mano derecha una ligera bofetada, diciendo: La paz sea contigo. Y al fin le bendice solemnemente. 

La unción en forma de cruz, que se hace en la frente, significa que el confirmado no debe jamás avergonzarse de cumplir sus deberes de cristiano, ni tener miedo de los enemigos de la fe. 

La ligera bofetada significa que el confirmado debe estar pronto a sufrir por la fe cualquier afrenta o trabajo.  

La recepción de este sacramento no es de tanta necesidad y urgencia como la del Bautismo. No hay tiempo señalado bajo precepto: basta tener la voluntad de recibirlo cuando se pueda cómodamente. Conviene recibirlo al llegar al uso de razón, a fin de tener más fuerza para luchar contra los enemigos del alma. 

El que tiene uso de razón debe recibir este sacramento en gracia de Dios y saber los principales misterios de nuestra santa fe. 

La Confirmación no se puede recibir más que una sola vez, porque imprime el carácter de soldado de Jesucristo.  

En la Confirmación debe haber solamente un padrino o una madrina: padrino para los varones, madrina para las mujeres. El padrino o madrina deben ser confirmados y tener trece años cumplidos; no pueden ser los mismos del Bautismo. Deben ser buenos cristianos, para dar buen ejemplo y asistir espiritualmente a sus ahijados. Contraen las mismas obligaciones y parentesco espiritual que los padrinos del Bautismo.

Que el Espíritu Santo nos colme con sus dones en este día y nos santifique durante toda nuestra existencia terrena. No dejemos de implorarlo cada día, y sobre todo en el santo Rosario, en el tercer misterio glorioso.

Luis María


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