Jesucristo anunció el misterio de la eucaristía, diciendo: “Yo soy el pan vivo, que descendí del cielo. Si alguno comiere de este pan vivirá eternamente: y el pan que yo daré, es mi carne”.
Comenzaron entonces los judíos a altercar unos con otros, y decían: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”. Y Jesús les dice: “En verdad, en verdad os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre y bebiereis su sangre, no tendréis vida eterna. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne verdaderamente es comida y mi sangre verdaderamente es bebida”.
Horrorizáronse los judíos al oír estas palabras, y hasta algunos discípulos de Jesús le abandonaron. Entonces Jesús dijo a los apóstoles: ¿Y vosotros también queréis iros? Pedro en nombre de todos contestó: Señor ¿a quién iremos? Vos tenéis palabras de vida eterna.
Pedro pensaría: “Jesús nos dice que hemos de comer su cuerpo y beber su sangre. Él sabrá la manera de poderlo efectuar fácilmente”. Y a la verdad: bajo la apariencia del pan y del vino, bien fácil es comer el Cuerpo de Jesús y beber su Sangre.
Jesús instituyó la Eucaristía en la última Cena, antes de la Pasión. Consagró el pan y el vino, diciendo: "Este es mi Cuerpo. Esta es mi Sangre: Haced esto en memoria mía"
1º Para que la Santa Misa fuese el sacrificio perpetuo del Nuevo Testamento.
2º Para alimentar las almas con un manjar divino, por medio de la comunión.
3º Para perpetuar la memoria de su pasión y muerte, y darnos una prenda la más preciosa de su amor y de la vida eterna.
1º Conserva y aumenta la vida del alma, que es la gracia.
2º Perdona los pecados veniales y preserva de los mortales.
3º Consuela al alma y la fortalece, aumentando la caridad y la esperanza en la vida eterna de que es prenda.